Revista Diplomacia

Revista Diplomacia

Geopolítica y mercados petroleros

Rafael Quiroz Serrano/

Desde el pasado 30 de noviembre, cuando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tomó la decisión de recortar su producción en 1.2 millones de barriles diarios (MMB/D) y diez días más tarde hicieron lo mismo 12 países productores independientes (No-Opep) en 600 mil barriles diarios (MB/D), los precios de los principales marcadores se recuperaron discretamente y ello ha traído cierta estabilización en los precios del petróleo, que han venido oscilando alrededor de los 45 dólares por barril (U$B) para la Cesta Petrolera Venezolana (CPV) y entre 50 y 64 U$B para los casos del WTI (EE.UU.), Brent (Mar del Norte) y cesta OPEP. No queda duda que la disminución de la sobreoferta petrolera, debido al recorte en los suministros, fue la variable principal que determinó la recuperación en los precios del crudo. A la OPEP -por lo general- le ha ido bien cuando ha aplicado una política de precios, a través de regular su producción; mientras que cuando juega a aumentar volúmenes de barriles para sus suministros, los efectos perversos de tal política se hacen sentir severamente en los ingresos petroleros de todos los países miembros de la Organización con sede en Viena (Austria).

Y el mejor ejemplo de lo afirmado en el párrafo anterior, fue el comportamiento de Arabia Saudita, y otros productores miembros, y no, de la OPEP, que a partir de julio de 2014 hasta el último mes de diciembre, se dieron a la tarea de aumentar la producción sin prever sus consecuencias en el precio, solo para abarcar más mercados (clientes), creyendo que el mismo corregiría (con la “mano invisible”) los males que de tal política se derivarían. Y no fue así, no corrigió nada; tuvo que pasar más de 2 años y medio, con millardos de dólares en pérdidas para los países productores, para convencerse que el remedio del problema lo tenían los mismos países que lo habían causado cuando decidieron abrir los grifos y así sobresaturaron la oferta petrolera.

Sin embargo, el mercado aún luce confuso y los precios no logran transmitir confiabilidad acerca de su estabilidad en niveles convenientes para los productores durante el transcurso del presente año, pues además de que los inventarios de crudo de Estados Unidos (EE.UU.) han venido aumentando cuatro veces más que lo pronosticado, también las existencias de crudo (reservas estratégicas e inventarios comerciales) se encuentran en récord histórico, según cifras oficiales de la misma Agencia Internacional de Energía (AIE). Esta misma agencia prevé un crecimiento de la producción de petróleo de lutitas y una disminución de la demanda de productos refinados europeos. Igualmente, es curioso tener que afirmar que las cifras de oferta y demanda confirman que la brecha (O-D) en febrero aumentó, a pesar de los recortes de la producción implementados por países OPEP y No-Opep.

Geopolítica

Nunca hubo duda de que el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca iba a agregar el ají picante en el plato de la geopolítica petrolera mundial, y que ello presagiaría un mal síntoma para las pretensiones de la OPEP de recuperar los precios del crudo. Desde la capital austríaca la organización ya empieza a enfrentar un mayor bombeo de crudo en EE.UU., ya, para el mes de marzo se registró un crecimiento aproximado en los niveles de producción en más de 80 MB/D, es decir, a 4,87 MMB/D, su mayor incremento mensual desde enero de 2016. Trump abrirá todos los suelos y aguas federales a la exploración de combustibles fósiles y así expandirá la producción nacional de petróleo, gas y carbón, y estimulará las mismas levantando las moratorias a las compañías petroleras, de manera de permitirles perforar en el Ártico y el Golfo de México.

En la nueva geopolítica de Washington no habrá escrúpulos a la hora de tratar los efectos medioambientales y de calentamiento global producidos por la materia prima de origen fósil, en su procura de lograr la emancipación energética de la OPEP y de los países hostiles a los intereses estadounidenses. Por ello, no existirá contemplación alguna para retirarse del “Acuerdo de París”, ni tendrá piedad mínima para cortar la ayuda de EE.UU. al fondo climático, como tampoco tendrá clemencia a la hora de desactivar acciones del Poder Ejecutivo en favor del Plan de Energía Limpia y la Ley de Aire Limpio, destinadas a frenar las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto, para nada será motivo de preocupación para el nuevo huésped de la Casa Blanca, pues tanto su pensamiento como su acción estarán centrados en su política petrolera, que estimulará al máximo el aumento de la producción doméstica, teniendo como norte intentar -aun cuando no lo logre- autoabastecerse en términos petroleros. Igualmente, reactivará la construcción del oleoducto “Keystone XL”, de 1.800 kilómetros de longitud y con capacidad de transporte de 890 MB/D, trayendo petróleo desde la zona de Alberta (Canadá) hasta las refinerías en la costa del Golfo de México.

Habiendo culminado ya el primer trimestre del presente año del presente año, el panorama del mercado petrolero no luce muy halagador que digamos, pues hay cierto escepticismo, aprehensión y expectativas sobre lo que pueda suceder, debido a que lo ya descrito se da en un contexto de fortalecimiento del dólar y también cuando la mayoría de los índices bursátiles en EE.UU. y en Europa alcanzan niveles máximos históricos; se recupera la producción en EE.UU.; aumenta el número de taladros activos -y en forma destacada de taladros horizontales (lutitas)-, y existe un importante declive en el uso de los taladros verticales debido a los avances tecnológicos, en momentos en que la mayoría de índices inflacionarios alcanzan cotas máximas, y mientras se vislumbra el aumento de las tasas oficiales de interés, en medio de expectativas de políticas de crecimiento.

Hay nubarrones que pudieran estar anunciando nuevas tempestades en el mercado de los hidrocarburos, y que nos demostrarían -de nuevo- que aun permanecemos atados umbilicalmente al ingreso petrolero por concepto de exportaciones, pues además de seguir siendo vulnerables a la volatilidad de los precios del crudo, tampoco hemos remediado las endemias de la renta petrolera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *